MANIFIESTO POR EL FEDERALISMO

Durante demasiado tiempo las voces de los federalistas y las federalistas han sido silenciadas por el paso arrollador de aquellos que buscan ahondar en la diferencia para alimentar su poder.

En el creciente torbellino de enfrentamiento en el que el nacionalismo español y el catalán se han enzarzado, alimentándose el uno al otro, queremos señalar que aquí estamos, dispuestos y dispuestas a poner en marcha un potente movimiento hacia el federalismo, porque nuestra pulsión es la construcción de lo común.

Por todo ello es necesario hacer presente la idea de que España es plural, y que todas las lenguas y culturas que recoge están igualmente ligadas a su idiosincrasia. De esta manera, la diversidad cultural y lingüística no debe ser vista como una amenaza sino, muy al contrario, ser defendida sin complejos como factor enriquecedor porque, al margen del ámbito territorial que abarquen, forman parte del patrimonio común.

Consideramos que el modelo territorial de la Constitución de 1978 ha dado importantes resultados, permitiendo integrar la diversidad de los distintos pueblos de España dentro del mismo proyecto común. Sin embargo, comprendemos que existen problemas de fondo que no se pueden obviar y que resulta necesario afrontar, algunos de los cuales hallan su causa en los intentos de uniformizar y recentralizar el Estado que han emprendido determinados sectores políticos y sus corifeos mediáticos contra todo lo que no se acomoda a su visión homogénea de España. No son menores, en este sentido, la situación creada tras la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto de Autonomía de Cataluña ni el debate suscitado sobre la suficiencia de la financiación de Cataluña.

Desde la madurez que la experiencia democrática de las últimas tres décadas, creemos que el federalismo aportará soluciones a los debates planteados y, sobre todo, que provee la forma en la que se pueden hallar las soluciones para el presente y para el futuro.

Las personas que suscribimos el presente manifiesto entendemos el federalismo, ante todo, como un principio de organización social, del que se puede derivar una determinada forma de organizar política y administrativamente un Estado, pero siendo la idea federal de mucho mayor alcance.

En el núcleo de la idea federal se halla el concepto del pacto entre ciudadanos iguales desde la diversidad, para construir espacios comunes de cooperación. En su misma esencia está el carácter dinámico del pacto y su capacidad para adaptarse a realidades cambiantes, pues el mismo no es un constructo intelectual, sino el pacto realmente existente, que cada persona establece con las demás, que cada generación viva se da para construir la sociedad en que vivimos.

Para el federalismo, la fuente de legitimidad política es la razón humana y la voluntad libremente expresada, y el poder político se distribuye y fluye de lo particular a lo general, de tal forma que la persona o entidad que cede parte de su libertad para construir un espacio común con otras, siempre retiene más libertad que la que cede, y sólo por la libre asociación que así se establece se asume la heteronomía y sus obligaciones.

El respeto mutuo, la confianza, la negociación y el equilibrio están en la esencia misma del federalismo, junto con la idea de participación plena en la formación de la voluntad común.

El federalismo es intrínsecamente incompatible con la dominación y la jerarquía, es horizontal e implica distribución del poder, coordinación y cooperación. Por ello, afirmamos que la idea federal contiene el fermento de una democracia radical.

Así es como los federalistas y las federalistas queremos construir la sociedad, y así es también como creemos que es mejor construir un Estado. De hecho, compartimos la convicción que el federalismo es el horizonte de futuro para los pueblos de España, de Europa y del mundo.

Puesto que no suscribimos la tesis que pretende que a cada Estado debe corresponderle una sola nación, ni tampoco la que pretende que a cada nación deba corresponderle un Estado, nosotros defendemos la federación de los pueblos en Estados plurinacionales. El federalismo, así, no niega ni soslaya la relevancia de las identidades nacionales, en la enorme complejidad de sus expresiones, sino que permite y facilita su encaje en una construcción política compleja a la par que sólida, por estar cimentada en la voluntad política de construir la unión en base a la plena libertad.

El Estado español, en concreto, debe asumir plenamente su carácter plurinacional y plurilingüístico, reconocer abiertamente la relevancia de los hechos nacionales, y realizar su transformación plena en un Estado federal, que permita y promueva la articulación de la diversidad en un nosotros civil que no niega las aportaciones que, desde la diferencia, se hacen a la construcción de lo común, sino que precisamente se nutre de ellas.

Afirmamos que la igualdad no debe confundirse con la uniformidad, y el reconocimiento de las especificidades nacionales no es óbice para asegurar la igualdad de los ciudadanos y ciudadanas de la federación en el ejercicio de los derechos que les reconozcan las leyes.

Creemos que la transformación de España en un Estado plenamente federal requiere una reforma de la Constitución, que permita fundar un nuevo consenso democrático entre su ciudadanía. En esta reforma, se debe articular el autogobierno de los Estados federados con el gobierno compartido en el Estado federal y la participación en la formación de la voluntad de éste. Se debe reformar el Senado para que sea verdaderamente una cámara de representación territorial, como se debe conseguir un auténtico reparto federal de poderes, revisar el papel del poder judicial y de la administración de justicia, así como establecer los mecanismos no jerárquicos de cooperación y de participación, sin que esta enunciación sucinta agote el programa de reforma. Se debe incluir un federalismo fiscal que resulte en un pacto fiscal que parta de los principios de suficiencia, transparencia, corresponsabilidad, equidad y justicia.

Creemos que la reforma de la Constitución debe ser también una oportunidad para profundizar en la lógica democrática, dando respuesta a muchas de las cuestiones que, en clara muestra de la crisis institucional y de representación que vivimos como colofón de la crisis económica que sufrimos, se han planteado desde distintos ámbitos sociales, con especial intensidad en los últimos dos años.

Creemos que esta reforma debe servir también para situar el programa social de la democracia en primer plano y garantizar su ejecución. No hay soberanía ni plenitud nacional posible si los ciudadanos y ciudadanas no pueden desarrollar sus proyectos de vida libremente, con autonomía y dignidad, si prosigue el proceso de desposesión material y de poder político que se está consolidando en nuestros tiempos. Sin avanzar en la conquista de la mayor igualdad, libertad y solidaridad posible, la misma democracia se hace irreconocible como tal.

Vemos en esta reforma la oportunidad para consolidar una democracia plena y avanzada, para reconciliar a la inmensa mayoría de los ciudadanos con un proyecto compartido, así como para alcanzar el bienestar común y el pleno reconocimiento de la libertad de cada persona y cada pueblo de los que han de formar la federación que nos proponemos construir.

Invitamos a todas las personas que compartan estas ideas a suscribir este manifiesto y a conjurarse para poner en marcha un amplio movimiento por el federalismo y la profundización democrática.

Advertisements